jueves, 13 de noviembre de 2014

Un Hermano Así



A Paul, un amigo mío, su hermano le regaló un automóvil por Navidad. En Nochebuena, cuando Paul salía de su despacho, encontró un pilluelo de la calle dando vueltas alrededor del brillante coche nuevo, admirándolo.

—¿Es éste su coche, señor? —le preguntó. Paul asintió con la cabeza.

—Me lo regaló mi hermano por Navidad —respondió. El chico se quedó atónito.

—¿Quiere decir que su hermano se lo dio y a usted no le costó nada? Vaya, ojalá... —se interrumpió, vacilante.

Por cierto, Paul sabía ya lo que el chico iba a decir: que ojalá él tuviera un hermano así. Pero lo que realmente dijo lo conmovió hasta lo más hondo.

—Ojalá yo pudiera ser un hermano así —continuó.
Paul lo miró, atónito, e impulsivamente añadió:
—¿Te gustaría dar una vuelta en mi coche?
—Oh, sí. Me encantaría.

Tras un corto recorrido, el chico le preguntó:
—Señor, ¿le importaría pasar frente a mi casa?
Paul esbozó una sonrisa, pensando que sabía lo que deseaba el chico: que sus vecinos vieran que él podía volver a casa en un gran automóvil. Pero otra vez se equivocaba.

—¿Puede detenerse allí, donde están esos dos escalones? —preguntó el niño.

Subió los escalones corriendo y casi en seguida Paul lo oyó regresar con lentitud. Venía trayendo en brazos a su hermanito tullido. Lo sentó en el escalón inferior y, abrazándolo fuertemente, le señaló el coche.

—¿Ves, Buddy, es como yo te dije? Su hermano se lo regaló por Navidad y a él no le costó ni un céntimo. Algún día yo te regalaré a ti uno igual a éste... para que tú puedas ir solo a ver todas las cosas bonitas que hay en los escaparates de Navidad, las que yo he tratado de contarte cómo son.

Paul bajó del coche y sentó al pequeño en el asiento inmediato al del conductor. Con los ojos brillantes, el hermano mayor se instaló junto a él, y esa víspera de Navidad los tres iniciaron un memorable paseo. Paul aprendió cuál había sido la intención de Jesús al decir: «Más bendición es dar...».

Dan Clark


  



miércoles, 12 de noviembre de 2014

Entrevista a Patch Adams.

PATCH ADAMS




ENTREVISTA 

Extracto de una entrevista a Patch Adams en Chile, donde comenta un testimonial de una visita que hizo en un "hospital" en Estonia, tambien algunas fotografías que aparecen en su sitio web.





UNA VIDA LLENA DE FELICIDAD

Desarrolla una serie de conceptos y ejercicios para ser feliz, recuerda a la audiencia que es importante explorar la audaz idea de nunca volver a tener un mal día. Patch habla de cómo descubrir la increíble emoción de optar por vivir cada día de nuestras vidas con alegría. El enfoque primordial de su conferencia es escoger la vida como opción.






Documental Doctores de la Risa




Fundación Los Doctores de la Risa,sin ánimo de lucro,creada por Luis Jimenez(Dr Monky),William Parejo(Dr Serafín),el día 18 de febrero de 2002,tras la llegada a Colombia del Dr Hunter Patch Adams.




Si te gusta esta labor como Doctores de la Risa, únete a  nuestro grupo de voluntariado de Doctores de la Alegría en Cristo....






martes, 11 de noviembre de 2014

Entrevista a Doctores de la Risa

 FABULOSA LABOR DE LOS DOCTORES DE LA RISA
NARIZ A LA ORDEN
DE CD. JUAREZ, CHIHUAHUA


Doctores de la Risa tienen como objetivo dar risoterapia a los hospitalizados para acelerar su recuperación, involucrando a los parientes y al personal médico por medio de juegos, bromas, trucos de magia, mímica, etc. 


Muchos abrazos y saludos a nuestros  hermanos narizones de Doctores De La Risa de Ciudad Juárez.


Si deseas conocer mas sobre esta labor, déjanos tus comentarios o envíanos tus inquietudes a través del formulario de contacto.



miércoles, 5 de noviembre de 2014

¿Qué es la Risoterapia?




La Risoterapia. 

Es el estudio y aplicación de la risa para ver la vida positivamente.

La Risa es más que un estado de ánimo.
Es una realidad bioquímica que genera en nuestro organismo diferentes respuestas que ayudan a combatir enfermedades.
La risoterapia es un excelente soporte para que la vida diaria sea más placentera.

¿Para qué sirve la risoterapia?


Científicamente, se ha comprobado que la risa franca, la carcajada, aporta múltiples beneficios: rejuvenece, elimina el estrés, tensiones, ansiedad, depresión, colesterol, adelgaza, alivia el dolor, el insomnio, problemas cardiovasculares, respiratorios… Mientras reímos liberamos gran cantidad de endorfinas, responsables de la sensación de bienestar.

La risa nos aporta aceptación, comprensión, alegría, creatividad, relajación, abre nuestros sentidos y ayuda a transformar nuestras pautas mentales. Nos ayuda a descubrir nuestros dones, abrir nuevos horizontes, vencer los miedos, llenarnos de luz, de fuerza, de ilusión, de sentido del humor, de gozo y aprender a vivir una vida positiva, intensa, sincera y total.

En los talleres de risoterapia se ofrece un espacio para que los participantes puedan disfrutar por unas horas del instante presente,  conectándose con la emoción y con el niño que aún somos: libre, espontáneo y  creativo.

Se utilizan los recursos expresivos del cuerpo, danzas y juegos como medio de liberar la risa sincera, que nos aporta beneficios fisiológicos, psicológicos, emocionales y sociales.








No me Fastidies, ¡Abrazáme!



No me fastidiéis, ¡abrazadme!

Pegatina en un parachoques


Lee Shapiro es un juez retirado y también una de las personas más auténticamente amables y cariñosas que conocemos. En un momento de su carrera, Lee se dio cuenta de que el amor es el poder más grande que hay. Como resultado de ese descubrimiento se convirtió a la religión del abrazo: empezó a dar abrazos a todo el mundo. Sus colegas comenzaron a llamarlo «el juez de los abrazos». En el parachoques de su automóvil se lee: «No me fastidiéis, ¡abrazadme!».

Hace más o menos seis años, Lee inventó lo que él llama su «Equipo de abrazar». Por fuera dice: «Un corazón por un abrazo» y contiene treinta corazoncitos rojos bordados con un adhesivo al dorso. Lee saca su «Equipo de abrazar», se acerca a la gente y le ofrece un corazoncito rojo a cambio de un abrazo.

Gracias a esta práctica ha llegado a ser tan conocido que con frecuencia lo invitan a conferencias y convenciones donde puede compartir su mensaje de amor incondicional. En una conferencia que se realizó en San Francisco, los medios de comunicación locales le plantearon el siguiente reto: «Es fácil dar abrazos en esta conferencia dirigida a personas que han venido aquí porque han querido, pero eso sería imposible en el mundo real». Y lo desafiaron a que empezara a dar abrazos por las calles de San Francisco, seguido por un equipo de televisión de la emisora local. Lee salió a la calle y abordó a una mujer que pasaba.

—Hola, soy Lee Shapiro, el juez de los abrazos, y doy un corazón de estos a cambio de un abrazo —explicó.
—Cómo no —fue la respuesta.
—Demasiado fácil —objetó el comentarista local. Lee miró a su alrededor y vio a una muchacha encargada de un parquímetro que lo estaba pasando mal a causa del propietario de un automóvil a quien estaba multando. Lee se encaminó hacia ella, con el cámara a su lado y le dijo:

—Me parece que a ti te vendría bien un abrazo. Soy el juez de los abrazos y me ofrezco a darte uno.
Ella aceptó.

—Mire, ahí viene un autobús —lo desafió el comentarista de televisión—. Los conductores de autobús de San Francisco son la gente más dura, descortés y mezquina que hay en la ciudad. Vamos a ver si consigue usted que lo abracen.

Lee aceptó el reto. Cuando el autobús llegó a la parada, dijo al conductor:

—Hola, soy Lee Shapiro, el juez de los abrazos. El suyo debe de ser uno de los trabajos más agotadores del mundo. Hoy ando ofreciendo abrazos a la gente para aliviarles un poco la carga. ¿Le apetece uno?

El hombrón de un metro ochenta y cuatro y más de noventa kilos de peso se levantó del asiento, bajó y le dijo:
—¿Por qué no?

Lee lo abrazó, le dio un corazón y lo saludó con la mano mientras el autobús volvía a arrancar. Los del equipo de televisión estaban mudos. Finalmente, el presentador dijo:
—Tengo que admitir que estoy muy impresionado.

Un día, Nancy Johnston, una amiga de Lee, llamó a su puerta. Nancy es payaso de profesión e iba vestida con su disfraz de trabajo, maquillada y con nariz postiza.

—Lee, coge un montón de tus «Equipos de abrazar» y vamos al hogar de incapacitados.


Tan pronto como llegaron, comenzaron a repartir globos, sombreros de carnaval, corazones y abrazos entre los pacientes. Lee se sentía incómodo: nunca había abrazado a nadie que tuviera una enfermedad terminal, que padeciera graves disfunciones físicas o mentales. Decididamente, aquello era excesivo para dos personas. Pero pasado un rato las cosas se volvieron más fáciles, ya que se fue formando un cortejo de médicos, enfermeras y ayudantes que los seguían de un pabellón a otro.

Pasadas varias horas, llegaron al último pabellón donde se alojaban los treinta y cuatro casos más graves que Lee había visto en su vida. La sensación fue tan horrible que lo descorazonó; pero, dado su compromiso de compartir su amor para conseguir un cambio, Nancy y Lee empezaron a abrirse paso por la habitación, seguidos por el séquito de médicos y enfermeras, que por aquel entonces ya llevaban corazones colgados al cuello y lucían sombreros de carnaval.

Finalmente, Lee llegó a la última persona, Leonard, que llevaba un gran babero blanco sobre el cual babeaba incesantemente. Lee miró a Leonard, que no dejaba de babear, y después se volvió a Nancy diciéndole:

—Vayámonos, Nancy, a una persona así es imposible llegar.
—Vamos, Lee —respondió ella—. Es un ser humano como nosotros, ¿o no?

Y le puso un sombrero de mil colores en la cabeza. Lee sacó uno de sus corazoncitos rojos y lo pegó en el babero de Leonard. Después, tras hacer una inspiración profunda, se inclinó para abrazarlo.

Súbitamente, Leonard empezó a emitir un chillido.
Otros pacientes empezaron a golpear cacharros. Lee se volvió hacia el personal de la sala, en busca de alguna explicación, y se encontró con que todos los presentes, médicos, enfermeras y auxiliares, estaban llorando.

—¿Qué es lo que pasa? —preguntó a la jefa de enfermeras.
Lee jamás olvidará su respuesta:

—En veintitrés años, es la primera vez que hemos visto sonreír a Leonard.

Así de sencillo es cambiar en algo la vida de la gente.

Autor: Jack Canfield y Mark V. Hansen